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El Testamento

Toda persona tiene derecho a hacer testamento si tiene la capacidad jurídica para ello. El Código Civil sólo contempla dos situaciones de incapacitación: Están incapacitados para testar los menores de catorce años y el que habitual o accidentalmente no se halle en su cabal juicio.

El testamento es el acto personalísimo por el cual una persona dispone para después de su muerte de todos sus bienes y derechos, o de parte de ellos.

El testamento tiene la finalidad de que la persona que lo otorga puede repartir sus bienes como él desee entre las personas e instituciones que él decida (respetando las legítimas).

Hacer testamento, además de decidir sobre el destino de su patrimonio y dejarlo a quien el testador quiera, tiene la ventaja de que es más barato para los herederos y les evita más trámites.

El testador puede nombrar un albacea para que liquide y reparta la herencia entre los herederos y legatarios, según las instrucciones que le haya dado. O bien directamente puede indicar en el propio testamento el reparto de los bienes y derechos entre las personas que él establezca. En Cataluña, para que el testamento tenga validez, debe nombrar siempre un heredero, salvo en Tortosa, en que toda la herencia puede distribuirse mediante legados.

En el testamento, además, se pueden establecer sustituciones de los herederos para el caso de que no quieran o no puedan aceptar la herencia o establecer condiciones a los herederos o legatarios. También se puede reconocer la filiación de los hijos no matrimoniales. Este reconocimiento no quedará revocado por un testamento posterior.

Por todo lo anterior, cuando se quiere otorgar testamento lo más aconsejable es acudir a un abogado especialista en herencias para que le asesore sobre cómo plasmar su voluntad en el testamento y luego elevarlo a Escritura pública ante Notario.

El testamento siempre se puede modificar cuantas veces se quiera otorgando uno nuevo que revoca el anterior. Es posible que el testamento que se otorgó pasados unos años ya no tenga la eficacia que se pensó cuando se otorgó o que se cambie de opinión en cuanto a las disposiciones que contiene. Puede suceder que una persona otorgue su testamento en su juventud cuando todavía es soltero, después se case y tenga hijos. Si no revoca y hace un nuevo testamento se daría el caso que a su fallecimiento los herederos no serían su cónyuge o sus hijos sino sus padres o hermanos o las personas que él hubiera designado como herederos cuando todavía no sabía que se casaría y tendría hijos, aunque siempre quedarían a salvo las legítimas a favor de sus descendientes, pero tal vez en el momento de su fallecimiento no quisiera que el testamento originario tuviera validez. Por eso es bueno tener en cuenta los testamentos otorgados y actualizarlos en función de las circunstancias de la vida.

También puede suceder que en el testamento se instituya como heredero al cónyuge o pareja de hecho y después, transcurrido el tiempo, se produzca una separación o divorcio, por lo que sería conveniente actualizar las disposiciones sucesorias.

Asimismo se puede nombrar en el testamento el tutor de los hijos para el caso de que el causante y su cónyuge fallezcan, o nombrar un administrador de los bienes de la herencia que vaya a dejar a sus hijos, para el caso de que no desee que la madre administre tales bienes.

En definitiva, es conveniente, pasados los años, ir revisando con la ayuda de un abogado los testamentos o actos de última voluntad que hayamos otorgado para adecuarlos a nuestra verdadera voluntad actual.

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